Esta planta tan espectacular sobre todo es conocida por sus flores, de donde recibe su nombre: Ave del Paraíso (Strelitzia reginae). De lo que parece un pico, surgen tres sépalos anaranjados brillantes y tres pétalos azul brillante.
Las Aves del Paraíso son originarias de Sudáfrica y se adaptan muy bien a países de clima tropical. En nuestro país es habitual verlas cerca de las zonas de playa, donde estas características climáticas (clima cálido y húmedo), se adaptan perfectamente a sus necesidades.
Son plantas que necesitan una buena exposición solar, mínimo entre 4 y 6 horas diarias y por su puesto aguantan perfectamente estar a pleno sol. La humedad relativa tiene que ser alta, entre el 60 y el 90%.
No son demasiado exigentes en el suelo, pero prosperan mejor en suelos que estén bien drenados y con un pH de 7,5. Bien abonado y con tierra, para que tengan un buen drenaje.
Una vez asentada, el Ave del Paraíso no necesita demasiada atención. Los riegos no tienen por que ser abundantes, sobre todo en invierno, aunque en verano si queremos tener buenas floraciones hay que regarla con regularidad. Lo mismo ocurre con el fertilizante, la planta puede sobrevivir, pero si le aplicamos regularmente compost, el vigor de la planta aumentará notablemente.
No suele ser atacada por muchas plagas, quizás la más habitual pueda ser la cochinilla y la única realmente mortal es la podredumbre de la raíz, causada por un hongo (Fusrium moniliforme) que la suele atacar en tierras demasiado húmedas.
Si nos apetece multiplicar las Aves del Paraiso hay dos formas: bien por semillas o por vástagos.
Para conseguir propagar la planta a través de semillas, debemos ponerlas en remojo 24 horas en agua a temperatura ambiente y luego 30 minutos en agua a 50-55º C. Las sembramos cuando están secas. Este proceso es similar al que requieren los bulbos de los tulipanes, que necesitan “sentir” el frío para germinar.
Las semillas una vez en la tierra, debemos de mantener la humedad y una temperatura entre 20 y 30 grados. Necesitan estar en oscuridad total. La nueva planta necesitará 4 años antes de florecer por primera vez.
Es más habitual la multiplicación por vástagos, por que estos crecen con mucha fuerza y en poco tiempo tendremos nuevas flores.
Las Aves del Paraíso son originarias de Sudáfrica y se adaptan muy bien a países de clima tropical. En nuestro país es habitual verlas cerca de las zonas de playa, donde estas características climáticas (clima cálido y húmedo), se adaptan perfectamente a sus necesidades.
Son plantas que necesitan una buena exposición solar, mínimo entre 4 y 6 horas diarias y por su puesto aguantan perfectamente estar a pleno sol. La humedad relativa tiene que ser alta, entre el 60 y el 90%.
No son demasiado exigentes en el suelo, pero prosperan mejor en suelos que estén bien drenados y con un pH de 7,5. Bien abonado y con tierra, para que tengan un buen drenaje.
Una vez asentada, el Ave del Paraíso no necesita demasiada atención. Los riegos no tienen por que ser abundantes, sobre todo en invierno, aunque en verano si queremos tener buenas floraciones hay que regarla con regularidad. Lo mismo ocurre con el fertilizante, la planta puede sobrevivir, pero si le aplicamos regularmente compost, el vigor de la planta aumentará notablemente.
No suele ser atacada por muchas plagas, quizás la más habitual pueda ser la cochinilla y la única realmente mortal es la podredumbre de la raíz, causada por un hongo (Fusrium moniliforme) que la suele atacar en tierras demasiado húmedas.
Si nos apetece multiplicar las Aves del Paraiso hay dos formas: bien por semillas o por vástagos.
Para conseguir propagar la planta a través de semillas, debemos ponerlas en remojo 24 horas en agua a temperatura ambiente y luego 30 minutos en agua a 50-55º C. Las sembramos cuando están secas. Este proceso es similar al que requieren los bulbos de los tulipanes, que necesitan “sentir” el frío para germinar.
Las semillas una vez en la tierra, debemos de mantener la humedad y una temperatura entre 20 y 30 grados. Necesitan estar en oscuridad total. La nueva planta necesitará 4 años antes de florecer por primera vez.
Es más habitual la multiplicación por vástagos, por que estos crecen con mucha fuerza y en poco tiempo tendremos nuevas flores.
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